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Embarazo y crianza

No quiero a mis hijos en ninguna Manada

Como muchas tardes después del cole, el día en que España se lanzaba a la calle contra la sentencia de “La Manada” por la agresión sexual a una joven de 18 años durante San Fermín, mi hijo Marc (3 años) jugaba a disfrazarse de lobo, su animal favorito. Para él, un lobo es un animal que sopla casas y come cerditos. Para La Manada, el símbolo de su modus operandi: “El poder del lobo reside en la manada”, reza el tatuaje de uno de sus miembros. Ellos también fueron niños como Marc. Pero yo no quiero que mi hijo sea un adulto como ellos. ¿Podemos las madres prevenir nuevas Manadas?

Para evitar inundar este post de bilis, me ahorraré explicar mi opinión sobre la sentencia, el voto particular y la ley que lo sustenta. Ya se han escrito miles de páginas al respecto, pero hay un detalle que como madre me roba el sueño: La Manada y su entorno no entienden nada. Creen sinceramente que lo que hicieron no estaba mal, o al menos no “tan mal” como para ir a la cárcel. Invadir a una chica medio desvanecida por todas las entradas posibles, entre cinco, sin preservativo, grabarlo con el móvil, robarle el móvil y dejarla abandonada es de lo más normal, por lo visto, lo que pasa es que no estás a la onda. Lo creen sinceramente así. Alguno de los acusados rompió a llorar ante el juez porque no entienden por qué se les juzga, e incluso sus novias -a pesar de la infidelidad- les apoyan hasta el punto de que uno de ellos ha sido padre después de un vis a vis…

Hace unos días, leo la carta que el guardia civil de La Manada ha publicado desde la cárcel, riéndose en la cara de la víctima y de la sociedad que le ha expresado su apoyo. Ajeno al mundo que le espera, Marc sigue jugando tranquilamente con su disfraz de lobo. “Soplaré, soplaré y la casa derribaré. Auuuuuuu…”. Nunca dejará de maravillarme la pureza de los niños, la inocencia que les viene de serie y que la sociedad se encarga de estropear.

Busco la edad de La Manada: tienen entre 26 y 30 años, ¡no hace tanto que también fueron niños!  Iban siempre en pandilla y los vecinos les llamaban “los lobitos”. Quizá tenían una ingenua predilección por este animal, como ahora tiene Marc. Intento imaginar qué les ha pasado desde entonces: ¿cómo llega un niño inocente a convertirse en un monstruo?

Los colegas periodistas ya se han encargado de revisar el entorno de La Manada en busca de respuestas. Uno de los barrios más pobres de España, pero familias trabajadoras modestas sin ápice de desestructuración. Un hogar como el de cualquier niño. Como el tuyo y como los míos. ¿Podemos hacer algo para que eviten ser como ellos? Me encantaría tomar un café con sus madres y preguntárselo. Su papel no es fácil: tienen todo el país en contra, pero estoy segura de que lo que de verdad les quita el sueño son los recuerdos. Me las imagino intentando dormir, sin éxito, después de visitarlos en prisión, y pensando: ¿Qué hice mal contigo?

Me imagino a las madres de La Manada intentando dormir tras visitarlos en prisión, pensando ‘¿Qué hice mal contigo?’

Yo miro a los míos y pienso: Ahora que estoy a tiempo… ¿qué puedo hacer bien contigo? Compartir todo el tiempo posible, agacharme a escucharte desde tu altura, valorar tus opiniones, responder a tus inquietudes, hacerte partícipe de las mías, regalarte cocinitas y muñecas porque son juguetes a secas, y no juguetes de niñas; animarte a llorar cuando lo necesitas porque llorar es sano, y no de niñas; abrazarte, comerte a besos sin obligarte a que los devuelvas, decirte “te quiero”, pintar juntos, y enseñarte que el color rosa es tan tuyo como mío el azul….

Por desgracia, convertir un niño en un adulto respetable no sólo está en manos de sus madres. Los institutos, las discotecas, los videojuegos, las letras musicales, el cine porno y los millones de inputs diarios que recibe un niño, y no digamos un adolescente, están llenos de mensajes que sitúan la mujer como objeto.¿De qué nos servirá modificar las leyes, si seguimos convirtiendo los tacones de Frozen en el objeto más deseado por las niñas en Navidad? ¿Quién es más difícil de cambiar, la opinión de un magistrado o los guiones de Disney?

-“’Auuuuu! Mamá, mira, ¡soy un lobo!”

-“Sí, cariño… pero nunca seas manada.”

 

Y tú, ¿qué opinas? ¿Podemos las madres hacer algo para evitar nuevos casos como el de la Manada?

3 Comments

  • M. Campocima

    Excelente reflexión, Nuria, cuando ocurren casos tan detestables como al que haces referencia todos somos muy proclives a buscar culpables: la sociedad, el fiscal, el juez, las compañías… etc, etc, y raras veces nos paramos a pensar que el primer paso del largo viaje por la vida es el propio hogar y de él nacen la inmensa mayoría de las tendencias que desarrollamos cuando nos hacemos mayores.
    Te felicito tanto por la calidad de tu comentario como por los minutos, velados, de reflexión a los que nos invitas con este tema.
    Ojalá sean muchas madres y padres que, como me ha ocurrido a mí, se paren también a pensar que es lo que cada uno de nosotros podemos aportar para que nuestra sociedad sea mucho mejor. ¡¡¡Felicidades!!!

  • Xavi

    Sin dudas los padres debemos asumir que tenemos una gran responsabilidad en la educación de los hijos y entre todos, criticar los inputs de la sociedad que conducen a los jóvenes a actitudes de este tipo. Un muy buen artículo, felicidades!

  • María

    Creo que habría que concienciar a los padres sobre lo importante que es educar desde la base del respeto y la igualdad. Los programas basura de la tele, el porno y los carteles sexistas de muchas discotecas etc tampoco ayudan 🙁

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