Eva Beltran Madre a los 20 y a los 40. Historias de madres en Maternidades.es
Historias de madres

“He sido madre a los 20… y a los 40”

Hace unos años, ser madre a los 40 era una rareza. Actualmente, la rareza es ser madre a los 20. Eva Beltran conoce ambas realidades, ya que ha tenido tres hijas nacidas en fases muy distintas de su etapa vital: la primera, inesperada, cuando tenía sólo 20 años, y la última -también por sorpresa- cumplidos ya los 40. “En el primer embarazo la gente me decía ‘pobrecita, tan joven, cómo lo hará’… ahora a los 40 he oído cosas como ‘uy, qué pereza, con dos hijas tan mayores…’”, desvela esta madre que recoge a una hija de madrugada en la discoteca a la misma hora que amamanta un bebé.

A los 19 años era una adolescente típica con muchos ideales, rebelde, inmadura socialmente –recuerda-. En mi casa sólo se vivía para trabajar y no me planteaban muchas aspiraciones más allá del día a día. No era mala estudiante pero tampoco tenía nada que me motivara”.

Eva Beltran (Tossa de Mar, Girona, 1977) se llevaba 40 años con sus padres y 13 con el mayor de sus cinco hermanos. El salto generacional era importante, y yo echaba de menos un ambiente familiar ‘normal’ como el de mis amigas, que se iban de tiendas o de viaje con sus madres -reconoce-. Mi gran ilusión era vivir algo parecido, pero tenía unos padres de avanzada edad y enfermos que trabajaban todo el día y hermanos mayores que me adoraban pero que estaban obligados a cuidarme y se escaqueaban en cuanto podían”.

Eso hizo a Eva construirse una imagen idealizada: Yo seré una madre joven y perfecta, me repetía a mí misma”.

Y, efectivamente, a los 19 años Eva se quedó embarazada. “No fue una decisión premeditada pero era mi gran ilusión -admite-. Decidí que, aunque fuese madre soltera, quería ser madre. Ahora me veo muy egoísta pero en ese momento necesitaba poder querer, abrazar, educar y compartir con una hija mía. Ya embarazada, afronté la conversación con el padre de la criatura dando por hecho que saldría por piernas y que me quedaría yo sola con el bebé. Necesitó sus días de reflexión, pero estuvo incondicionalmente a mi lado y al lado de su hija”.

“Cuando con 19 años me quedé embarazada, creía que el padre de la criatura saldría por piernas. Pero estuvo a nuestro lado”

 

El caso de Eva no era habitual en su entorno: a sus amigas aún ni se les pasaba por la cabeza tener hijos, y menos a esa edad.

Aun así, Eva no tuvo la sensación de perderse nada de su juventud, y eso que tres años después llegaba la segunda niña. Ser madre joven tiene, como todo, algunos inconvenientes, pero volvería a repetir -asegura-. Me adentré en un mundo que me apasionaba. No dejé nunca de ir a conciertos de los grupos que me gustaban ni dejé de lado mi implicación en movimientos sociales. Por suerte, tanto mis padres como los que entonces eran mis suegros estaban siempre dispuestos a compartir ratos con sus nietas mientras yo hacía otras cosas. Me volqué al 100% en su crecimiento y educación, toda mi vida giraba alrededor de ellas pero por suerte pude compaginarlo bastante bien”.

La experiencia fue tan positiva que Eva deseaba tener más hijos, y además con poca edad de diferencia. “Pero aquí ya tuve que respetar la decisión de mi compañero de viaje. Yo había cumplido con mi ilusión de ser madre y serlo muy joven, así que la idea era plantarnos aquí y él decidió hacerse la vasectomía”, explica.

En 2008, Eva y su pareja acordaron divorciarse, de forma amistosa y respetuosa. “Lo que más nos preocupaba era la opinión de mis padres. Fuimos expresamente a su casa a explicarles la situación pero vimos que mi padre tenía muy mala cara y no se encontraba bien, así que decidimos esperar unos días. A los dos días mi padre falleció de forma súbita, sin que yo se lo hubiera podido explicar -lamenta Eva-. Para mi madre fue muy duro, ya que coincidió la viudedad y mi divorcio”.

 

“Mi padre falleció de forma súbita, y no pude explicarle que me iba a divorciar”

 

Eva no tardó mucho en rehacer su vida. “Tuve un enamoramiento muy apasionado de un compañero de trabajo pero enseguida se convirtió en una relación realmente tóxica, de idas y venidas, de faltas de respeto y mi estabilidad y mi autoestima enseguida se vieron pisadas. Duró unos años, los más tormentosos de mi vida”, recuerda. Su hija mayor tenía 10 años, y la pequeña 7. “Estaban en una edad complicada y maldigo el tiempo que derroché en una relación que no llevaba a ninguna parte: robé a mis hijas un tiempo que ya nunca podré compensarles”.

Eva se encontró de nuevo sola con sus hijas. “A pesar de tener una excelente relación con mi ex marido, siempre he tenido que afrontar sola las reuniones de la escuela, citas médicas, decisiones importantes… Trabajar como agente de seguros autónoma me ha ayudado a conciliar -agradece-. Me he equivocado muchas veces, pero ahora las miro a los ojos y pienso que no lo he hecho tan mal”.

 

“Maldigo los años que derroché en una relación tóxica: robé a mis hijas un tiempo que nunca podré compensarles”

 

Hace 4 años, Eva reEva Beltran Madre a los 20 y a los 40. Historias de madres en Maternidades.eshízo su vida definitivamente: un chico soltero, sin hijos ni ganas de tenerlos. “A mí en ese momento no me hubiera importado ampliar la familia, pero tampoco me importaba no tener más. Lo habíamos hablado a menudo”. Y entonces, por sorpresa, llegó el tercer embarazo: otra niña.

“Tengo una enfermedad ginecológica que, en teoría, hace difícil quedarse embarazada y, además, tomaba unas pastillas anticonceptivas para controlar menstruaciones y dolor. Aun así quedé embarazada contra todo pronóstico”, recuerda. El destino quiso que el día del test de embarazo fuese el cumpleaños de su pareja. “Al ver el test positivo me recordé a mí misma 20 años atrás, asumiendo que cuando mi pareja supiera que estaba embarazada lo tendría yo sola -reconoce Eva-. Y como ya había ocurrido entonces, me sorprendió su mirada, su emoción y su abrazo: me apoyaba de forma incondicional”.

 

“A los 40 me quedé embarazada contra todo pronóstico. Pensaba que mi pareja me dejaría sola al saberlo”

Y así fue como Eva se convirtió en madre por tercera vez, esta vez con 40 años y dos hijas mayores en edad universitaria. “He notado una gran diferencia entre ser madre a los 20 y a los 40 -reconoce-. Por un lado está el salto generacional de la tecnología: ahora ante cualquier duda es fácil sentirse acompañada con grupos de apoyo en Whatsapp, redes sociales… “. Pero en 20 años no sólo ha cambiado la tecnología: también su etapa vital. “Con mis hijas mayores era muy exigente conmigo misma: quería ser puntual en la escuela, el trabajo, las reuniones, escuchar todas las opiniones…Ahora no tengo prisa por nada y puedo saborear cada segundo junto a la pequeña y sus  hermanas. Ya no soy esa niña que tenía que demostrar a la sociedad que estaba capacitada para salir adelante con todo, que estaba cumpliendo mi sueño, que no era un juego. Ahora no necesito demostrar nada”, sentencia.

Hay una cosa que no cambia: en todas las épocas y edades, alrededor de una madre siempre habrá alguien opinando. “Embarazada a los 20, la gente me decía ‘pobrecita, tan joven, cómo lo hará’… ahora a los 40 he oído cosas como ‘uff, menuda faena’, ‘ostras, con dos niñas tan grandes’, ‘uy, qué pereza’. A los 20 años me hacían llorar y sufrir estos comentarios -reconoce Eva-. Yo estaba muy segura de que lo que estaba haciendo lo hacía bien, al menos como yo quería hacerlo. Pero para mí era importante que todo el mundo lo viera igual. Ahora entiendo muchas cosas que antes no entendía, como que la gente tiene mucho tiempo libre para pensar y meterse en las vidas ajenas”.

 

“Hay sábados en los que a las 5 de la mañana recojo a una hija en la discoteca y a la vez doy teta a la pequeña”

 

Ahora, las hijas de Eva viven la diferencia de edad que su madre vivió con sus hermanos. La mayor estudia y trabaja a 40 kilómetros de casa y el resto del tiempo viaja por el mundo. La mediana vive con la madre. “Adoran a su hermana pequeña por encima de todas las cosas. Me aconsejan, me preguntan, se interesan: es una experiencia maravillosa cuando las veo juntas. Pero pese a la edad, las mayores todavía se están formando y a veces necesitan toques de atención -reconoce-: entonces tengo que hacer cambio de chip inminente de mamá de bebé a mamá de adolescente”. ¿Una anécdota? “¡Hay sábados en los que a las 5 de la mañana tengo que recoger a una que ha salido de fiesta, y al mismo tiempo dar teta a la pequeña!”

 

PD.- Si te interesa leer testimonios de otras madres veinteañeras, no te pierdas la historia de Meritxell, la autora del blog de infertilidad “Tus patucos y mis tacones”, y su historia de lucha para conseguir ser madre. Lee aquí la historia de Meritxell.

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