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Historias de madres

Meritxell Contero: “Para derribar el tabú de la infertilidad hay que hablar de ella”

¿Sabías que en España se hacen más de 100.000 tratamientos de fertilidad cada año? Detrás de este número apabullante se esconden muchas historias personales de frustraciones y perseverancia como la de Meritxell Contero, más conocida com “Tus patucos y mis tacones”, el blog de infertilidad donde ha ido narrando su largo camino hasta cumplir su sueño de quedarse embarazada. Psicóloga y sexóloga, decidió salir del armario para romper el tabú de la infertilidad y ahora da apoyo psicológico a parejas en tratamiento de reproducción asistida para ayudarles con la dura parte psicológica que comporta el proceso. Acaba de estrenar un libro, El nombre de mi arco iris.

¿Hasta dónde serías capaz de llegar por ser madre? La pregunta se la hacen a diario miles de mujeres que no consiguen quedarse embarazadas de forma espontánea y deciden someterse a tratamientos de fertilidad, con el coste físico y psicológico, y por supuesto económico, que conlleva. En nuestro país se hacen más de 100.000 tratamientos cada año -de hecho, muchas parejas de países como Italia acuden a nuestras clínicas buscando la flexibilidad que no tienen en su lugar de origen-, y en contra de lo que muchos puedan pensar, no se trata necesariamente de parejas con problemas de salud evidentes o mujeres que han superado la barrera de los 40 años.

Y es que la lotería de la infertilidad toca, por desgracia, bastante más que la de Navidad, y lo hace a todas las edades. Pronto lo descubrió Meritxell (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, 1989) cuando con sólo 25 años intentó, sin éxito, quedarse embarazada. Su marido tenía 26 y llevaban dos años casados. “Siempre quisimos ser padres jóvenes. Mi marido y yo somos bastante caseros -reconoce-. ¡Sofá, peli y manta era uno de nuestros planes favoritos!”.

 

“Yo tenía 25 años y mi marido 26: pensábamos que no tardaría más de 6 meses en quedarme embarazada”

 

“Al empezar a buscar embarazo con 25 años siempre hay alguien que piensa que es muy pronto, gente a la que parece no apetecerle que tú tengas hijos, aunque ni le vaya ni le venga… pero nosotros teníamos las cosas claras”, asegura. Muy, muy claras: su objetivo era tener dos hijos antes de cumplir los 30. “Pero tal como y han salido finalmente las cosas, los planes han cambiado… porque cumplo 30 el año que viene y no me da tiempo a tener otro hijo antes!”, bromea.

“Pensábamos que conseguir el embarazo iba a ser relativamente fácil, no más de seis meses -reconoce-. Pero cada mes que pasaba era una decepción, y antes del año el ginecólogo ya nos mandó alguna prueba e hicimos inducción de la ovulación con pastillas. Pensábamos que iba a funcionar pero cada mes que pasaba medicándome y sin el resultado esperado era peor…”.

 

“La fecundación in vitro me trajo el primer positivo pero la alegría duró poco: sufrí un aborto bioquímico”

 

Con el paso del tiempo decidieron dar un paso más y someterse a una fecundación in vitro. “Gracias a ella pude ver el primer test de embarazo positivo. La alegría fue inmensa, sentía mariposas en el estómago y muchas gracias de gritar. ¡Estaba emocionadísima, y mi marido también! -recuerda-. Pero después de haber alcanzado la cima, la alegría duró poco: todas las esperanzas se evaporaron al confirmarse que mis sangrados eran por un aborto bioquímico”.

Volvieron a intentarlo y Meritxell se quedó embarazada de nuevo. “Esta vez tuvimos que pasar por dos situaciones contrarias a la vez: la alegría por el embrión que había implantado bien y seguía adelante, y el duelo por el que volví a perder. Otro aborto bioquímico, sangrando y con dolores porque perdía al otro embrión. La vida y la muerte en el mismo momento, dentro del mismo cuerpo… Eso fue lo más difícil de gestionar”.

 

“En el segundo tratamiento, un embrión siguió adelante y perdí el otro. La ida y la muerte dentro del mismo cuerpo: eso fue lo más difícil de gestionar”

 

La madre es quien asume toda la responsabilidad física en estos tratamientos, pero en la parte psicológica el rol de la pareja es fundamental. “Por suerte entre ambos nos hemos apoyado mucho, sobre todo él a mí. He tenido su hombro para llorar siempre que lo he necesitado -agradece-. Mi marido ha sido muy comprensivo, ha entendido cada parte del proceso según iba sucediendo y yo le iba explicando porque soy psicóloga y sexóloga, pero en casa de herrero chuchillo de palo: los psicólogos también somos humanos… Pero entender y aceptar que lo que sucede es normal, ayuda mucho a seguir adelante sin rencores”.

Como muchas parejas, en un principio Meritxell y su marido no explicaron a nadie el proceso por el que estaban pasando. De hecho, cuando decidió abrir su blog lo hizo de forma anónima. “Pero si queremos derribar tabús debemos empezar a hablar del tema nosotras mismas -reivindica-. Finalmente decidí salir del armario de la infertilidad y di la cara mientras pasaba por todo el proceso (puedes leer en este post de su blog un resumen de su historia de infertilidad).

“Si queremos derribar el tabú de la infertilidad debemos empezar a hablar de ello. Yo salí del armario con mi blog”

 

Justo antes de empezar este camino, Meritxell había cursado un máster de sexología. “Me llamaba mucho la atención todo lo relacionado con el embarazo y la infertilidad, y cuando lo viví en primera persona supe que quería ayudar a las mujeres que tenían que pasar por lo que yo estaba pasando”, destaca.

Ahora colabora con una clínica de infertilidad atendiendo a parejas que soliciten apoyo psicológico. “El mayor miedo de las parejas que pasan por esto es el fracaso, el no lograr el objetivo. Eso significa no sólo que van a perder mucho dinero, sino que les va a desgastar emocionalmente muchísimo -advierte-. La mayoría no cuentan con apoyo de su entorno porque no lo saben, y mantener eso en secreto tanto en la familia como en el trabajo es muy complicado”. Por eso, Meritxell reivindica que “las clínicas de infertilidad -ella pasó por varias durante sus tratamientos- deben empezar a tratar a las parejas o mujeres solteras como lo que son, personas. Es muy incómodo sentirte como un cheque en blanco cuando te expones de esta manera, tanto física como emocionalmente”.

“Las clínicas de fertilidad deben tratar como personas. Es incómodo sentirte como un cheque en blanco”

 

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El embrión que siguió adelante ha cumplido ya 1 año, y viendo a su hijo crecer a su lado Meritxell no duda en que su sufrimiento ha obtenido recompensa: “Volvería a pasar por el mismo camino mil veces. No me arrepiento absolutamente de nada, y si para tener un segundo hijo tengo que empezar todo el proceso de nuevo, lo haré: lo tengo clarísimo”.

 

PD.- Si te interesa leer experiencias de madres con problemas de infertilidad que han sido madres después de someterse a una fecundación in vitro, quizá te interese también la historia de Cris, que tras 3 años luchando por quedarse embarazada perdió su primer bebé en la semana 38 de embarazo y que finalmente cumplió su sueño con un segundo tratamiento.  Lee aquí la historia de Cris. Y si buscas testimonios de otras madres veinteañeras, no te pierdas la historia de Eva, que fue madre a los 20 y a los 40. Lee aquí la historia de Eva.

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