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Cristina Ibiza: “Perdí mi primer bebé en la semana 38 de embarazo”

Cris perdió a su primer bebé, Batiste, en la semana 38 de embarazo. Historias como la suya no suelen ser publicadas pero a Cris, ahora madre también de Jordi, de 2 años, no le molesta recordarla. Sabe que falta romper muchos tabúes en torno al duelo perinatal y actualmente ayuda a otras madres en su misma situación a través de la asociación Dolina, de la que es cofundadora.

Conocí su historia el verano de 2014. Un año antes yo había despedido mi primer embarazo en la semana 20 y no podía creer que el destino pudiese ser todavía más duro con otra madre. Ha habido lágrimas preparando esta entrevista. “Por un lado es como si hiciese media vida -asegura Cris-, y por otro es como si fuese ayer, porque quiero mantener muy vivas todas las sensaciones de cuando aún lo tenía conmigo”.

Cristina Ibiza (Valencia, 1983) siempre había querido ser madre joven: si era posible, antes de los 30. “Creía que ser madre joven me permitiría mantener la activa vida social que tenía, pero rodeada de niños”, recuerda. En 2010 se quedó en paro y junto a su chico decidió que era buen momento para ampliar la familia. “Tenía muchísimas ganas y no me imaginaba que nos costaría tanto”, reconoce.

El primer embarazo se hizo esperar: concretamente, 3 años. “Durante el primer año la búsqueda era como un juego, pero a medida que iban pasando los meses empecé a buscar información sobre los días fértiles, tests de ovulación… y llegó la presión, la frustración con cada nueva regla y vivir en una montaña rusa de emociones”, recuerda. Las pruebas médicas descartaron problemas médicos de la pareja, y después de someterse sin éxito a varias inseminaciones artificiales por la Seguridad Social decidieron probar la fecundación in vitro en una clínica privada.

 

“Mientras me preparaba para la fecundación in vitro me preguntaba si deseaba tanto un hijo como para asumir los riesgos de una sobreestimulación hormonal. La respuesta era sí: No quería morirme sin ser madre”

 

“Mientras seguía el tratamiento hormonal, con prospectos que te dicen que entre los posibles efectos secundarios por sobreestimulación figura el cáncer, me preguntaba a mí misma: ¿De verdad deseo tanto un hijo, como para machacar mi cuerpo de esta manera? Y la respuesta era sí…lo deseaba -sentencia Cris-. Quizá arriesgaba mi propia vida para dar otra, pero yo no quería morirme sin ser madre”.

El tratamiento le generó unos 15 óvulos, pero sólo pudieron implantarle uno. Fue suficiente: estaba embarazada, de un niño al que desde el inicio de la gestación bautizó como Batiste.

 

El embarazo de Batiste

Cristina Ibiza aborto semana 38 duelo perinatal historias de madres Maternidades.es“Durante el embarazo me sentía plena y feliz, aunque pronto empezaron a surgir pequeños problemas -recuerda-. Tuve una infección de orina por estreptococo B que volvió a aparecer después del tratamiento, pero por el nivel de bacterias no estaba indicado suministrar antibiótico así que pasé el resto del embarazo con una pequeña infección latente. La consecuencia: útero irritable y reposo relativo, pero yo seguía feliz. Me hacía fotos cada semana, preparaba el nido, me imaginaba toda una vida con aquel hijo tan deseado”.

Una tarde como cualquier otra, ya en la semana 38 de embarazo, estaba en el supermercado cuando notó una fuerte punzada en el vientre. De vuelta a casa se tumbó en la cama, notando aún al pequeño Batiste. Sería la última vez. “De madrugada, me desperté de repente y pensé que hacía horas que no notaba sus movimientos. Mi instinto me dijo que algo pasaba, y ya no conseguí volverme a dormir: salí a la terraza y puse la barriga al sol, pero la luz no hizo que se moviese como tantas otras veces. Comí un trozo de chocolate, y tampoco hubo señales… Mi cabeza iba a mil, pero esperé a que mi pareja se despertase”. Él la tranquilizó recordándole las palabras del ginecólogo: es normal que días antes del parto los bebés detengan un poco su actividad normal. Aun así, horas más tarde se fueron a Urgencias.

Mi cabeza seguía diciéndome que algo no iba bien, y la cara que me pusieron al recibirme en Urgencias me lo confirmó”, recuerda. Una comadrona le colocó las correas o monitores y buscó, sin éxito, el corazón del pequeño. Rápidamente la pasaron a la sala de ecografías. “Y entonces sonó aquella frase que nadie espera: ‘Lo siento, no hay latido’. Mi pareja empezó a chillar y llorar, y yo entré en fase de negación. ¡A mí no me puede pasar esto, llevo 3 años luchando por tener este hijo! Aún recuerdo perfectamente la letra del ginecólogo escribiendo ‘Feto muerto’. Yo repetía que eso no me podía pasar a mí, mientras me explicaban que debían inducirme un parto vaginal. Me convencieron para que llamase a mi familia. Le dije a mi madre: ‘Dicen que el niño no está, pero yo no me lo creo’”.

 

“El bebé no tenía latido. Entré en shock. ¡No podía pasarme eso, llevaba 3 años luchando para quedarme embarazada!”

 

Cris siguió en shock las 36 horas que duró el parto. “La comadrona intentaba convencerme para que conociera al bebé cuando saliera, pero yo no quería ver a mi hijo muerto para no recordarlo como algo traumático así que le dediqué una despedida interior, pensando todo lo que quería decirle”, recuerda entre lágrimas. Tras un expulsivo que recuerda “duro y agresivo”, vio unos segundos a Batiste antes de que se lo llevasen a la sala contigua para certificar la muerte. “Mi pareja lo vio en todo momento y me explicó que era precioso, que se parecía a mí y que parecía dormido. Me quedo con esos detalles como recuerdo. Cuando me subieron a la habitación, yo aún pensaba que en cualquier momento subirían al bebé y me dirían que habían conseguido salvarlo”, reconoce.

 

Un postparto con los brazos vacíos

El posparto de Batiste fue duro. Cris se encerró en casa. “No tenía el niño en brazos, y pese a tomar medicación, 15 días después del parto todavía tenía subidas de leche. Nadie me habló de la posibilidad de vaciar el pecho o donarla”, lamenta.

Pero el deseo de ser madre seguía muy latente. “Sentía que tenía que dar a alguien todo el amor que había preparado para Batiste y que físicamente no había podido volcar en él”. A los 3 meses la autopsia confirmó que se había tratado de una infección. “Ahora que sabíamos la causa podíamos luchar para que no se repitiera en un nuevo embarazo: volvimos a hacer un tratamiento in vitro, y 4 meses y medio después de perder a Batiste, esperaba un nuevo bebé: Jordi”.

 

“Sentía que tenía que dar a alguien todo el amor que no pude dar físicamente a Batiste. Volvimos a hacer un tratamiento in vitro y unos meses después volví a quedarme embarazada”

 

Se dice que los hijos que nacen después de la pérdida de otro son “bebés arco iris”. El segundo embarazo de Cris fue, emocionalmente, muy diferente al de Batiste. “Estaba llena de angustia, nervios, ansiedad … siempre acompañada por una psicóloga, que me envió a terapias de relajación. Tenía miedo, mucho miedo y desconfianza, y sabía que hasta que no tuviera a Jordi llorando encima de mí nada era seguro”.

Físicamente, la infección volvió a aparecer y Cris pasó todo el embarazo con antibiótico. En la semana 37 + 4 días, para evitar llegar a la fatídica fecha de la pérdida de Batiste, llegó el parto inducido. “El parto fue rápido y emocionante, la esperanza venció el miedo y en 6-7 horas nació Jordi. Tras unos primeros meses duros medicándome por depresión postparto, esta maternidad está siendo preciosa y la estoy disfrutando como si todos los días fueran el último. Aún le doy pecho y muchos me dicen que lo tengo sobreprotegido, pero yo siempre contesto que lo estoy disfrutando y cuidando por dos”.

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Dolina, una asociación para visibilizar lo invisible

 “Yo siempre hablo de Jordi como mi segundo hijo. Yo he vivido dos embarazos de 9 meses, dos partos, he parido dos niños: pero físicamente el primero ya no está conmigo. Y no puedo registrarlo en el libro de familia, porque no se considera persona si no respira un mínimo de 24 horas”, denuncia Cris. Esta es alguna de las reivindicaciones de Dolina, asociación que ha fundado para apoyar a otras madres en su situación y conseguir más sensibilidad sanitaria y legal para las familias.

Cris se sentí una extraña porque no encontraba experiencias similares a la suya hasta que encontró un foro de internet. Allí conoció a otra madre de Gandía con una experiencia paralela a la suya, y surgió la idea de crear un grupo de madres. “Cuando te pasa algo así piensas que eres la única persona del mundo con esta situación: el mero hecho de tener al lado a alguien que te diga que ha pasado por lo mismo y que se puede salir adelante, es una gran ayuda. Tenemos desde madres que conocen la asociación en el hospital hasta algunas que han acudido a nosotras 7 años después de la pérdida”.

“Yo he vivido dos embarazos de 9 meses, dos partos, he parido dos niños: pero físicamente el primero ya no está conmigo”

Desde Dolina han creado sugerencias para que los hospitales cambien sus protocolos, y en los centros donde los han presentado -en Denia y Gandía- ya han aplicado alguno cambios. Además, venden merchandising para financiar la compra de lo que llaman “cajas del recuerdo” para los hospitales: en las cajas hay unas cartulinas donde los sanitarios pueden marcar las huellas de las manos y pies de los bebés nacidos sin vida  y dos bolsitas para poner el cordón, un mechón de pelo… “Se trata de que el hospital pueda ayudarnos a crear recuerdos físicos tangibles que dejen recuerdo de que nuestro bebé ha pasado por este mundo”.

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Más información de Dolina en su página de Facebook y en este reportaje de TVE (Minuto 15:53)

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9 Comments

  • Sara

    Vaig conèixer la Cris compartint grup del SP del seu primer fill. Des d’aleshores, vaig perdre la pista i m’ha fet una il·lusió tremenda llegir aquesta entrada. Enhorabona pel Jordi i per aquesta associació, Cris, i gràcies per treure forces per fer servir la teva experiència per ajudar a altres. Gràcies infinites!

  • Xavi

    Una historia que te pone los pelos de punta pero al mismo tiempo admirable, por el espíritu de superación y el inmenso amor de esta madre.

  • María

    Es increíble que la vida sea así y que alguien nos la pueda contar desde tan adentro. Esa historia de Cristina es parte de la mía por lo mucho que la quiero y les quiero. Gracias por compartirla y ayudar tanto

  • Gloria

    Conocí a Cris en un foro durante el embarazo de su primer hijo, Batiste. Lo recuerdo todo como si fuera ayer, y aunque yo ya habia tenido a mi primer hijo cuando ella tuvo que pasar por todo esto, ahora recien estrenada mi segunda maternidad, no he dejado de pensar en ella en todo el embarazo, sobretodo durante las últimas semanas…es tremendo que puedan pasar cosas así, no se olvida facilmente. Un abrazo, Cris, y Nuri, enhorabuena por el gran trabajo.

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